miércoles, 15 de julio de 2009

La tertulia se reune en Valencia



Ayer día 14 de julio, la Tertulia Literaria Benigànim se reunió en Valencia para, entre otras cosas, comprar libros y preparar la Tertulia de septiembre que llegará con dos libros: La sonata a Kreutzer de Lev Nikolayevich Tolstoi y Pantaleón y las visitadoras de Mario Vargas Llosa. Para abrir boca una de las principales conversaciones después de la comida tuvo como protagonista al escritor ruso y sus ideas sobre educación. También se decidió que la siguiente tertulia fuese el 18 de septiembre en Xàtiva.
¡Hasta la próxima!

domingo, 28 de junio de 2009

Lovecraft: La experiencia del horror.




Creo que afronté con demasiados prejuicios la lectura de “En las montañas de la locura”. Mi escasa afición por la literatura de terror, la inevitable sensación de que Lovecraft no deja de ser un escritor de segunda categoría y la sombra de Poe, que parece rondar por toda la narración, fueron condicionando la lectura cuya primera parte soporté incluso con gusto para acabar en estado de confusión y hasta aburrimiento.

Con prejuicios o sin ellos, el referente de Poe y su alucinante “Narración de Arthur Gordon Pym” se convierte en un lastre considerable por una pretensión del autor en la que, a mi entender, fracasa. Hay algo más que un homenaje con referencias puntuales, sospecho que Lovecraft quiso llegar allí donde el maestro cortó de manera abrupta. Lo que en Poe es una genialidad intencionada, sobrecogedora fantasía interrumpida que sugiere la progresiva demencia del narrador, se convierte en Lovecraft en un digno relato de aventuras en el que la fascinación va dejando paso a la monotonía, en el que el horror no acaba de provocar esa sensación de belleza intensa que poseen los relatos de Poe.

La injusticia radica en empeñarse en comparar, no era necesario y en realidad hay cosas en la obra de Lovecraft que me resultan muy atractivas. Sobre todo la creación de un mundo personal y reconocible en el que una serie de monstruos, hallazgo genial de una mitología propia, encarnan la amenaza desconocida y horrible. No sé si han leído ese ensayo magistral de Eugenio Trías, “Lo bello y lo siniestro”; dice Trías que la belleza es apenas un velo que oculta, parafraseando al propio Lovecraft, lo innombrable. La normalidad en la que vivimos deja entrever, a poco que nos fijemos, aquello que puede dañarnos. El horror estaba oculto en “las montañas de la locura” pero es inevitable que lo siniestro acabe irrumpiendo con toda su fuerza para que conozcamos la desgarradora realidad.

Dicen que Lovecraft estaba obsesionado con la impureza, que detestaba toda mezcla como síntoma de degeneración y de ahí esos extraños híbridos que pueblan su obra. Si Lovecraft ya me resultaba poco interesante, el que fuera un reaccionario que sublimaba sus obsesiones de pureza racial me lo hace todavía más antipático; sin embargo creo que en la narración que comentamos está el Lovecraft más trascendente, probablemente también proyectando su propia realidad miserable tratando de, al menos, hacerla soportable. Los científicos de la expedición no son sino entes insignificantes ante las dimensiones de un mundo desconocido y terrible, un universo amenazante en el que nuestras pobres preocupaciones apenas suponen nada.

Un escritor solitario, agobiado por un entorno hostil y con la necesidad de exorcizar sus numerosos demonios tenía que crear por fuerza una obra de imaginación desbordante. Pero es como si dispusiera de un extraordinario material que no acaba convertirse en obra de arte por la carencia de recursos formales. Lovecraft, al menos en esta obra, deja de lado la trama con la que había empezado a inquietar al lector para perderse en la descripción de un escenario barroco. Allí solo podremos asistir a la impotencia del autor para expresar lo inexpresable: el horror absoluto.

sábado, 27 de junio de 2009

Lovecraft revisitado




La sensación de que Howard Phillips Lovecraft no fue justamente tratado en la última edición de la tertulia no deja de atormentarme. Incluso me imagino a Chtulhu revolviéndose en su tumba de la ciudad sumergida de Ry'leh. También es cierto que no se juzgó (quizás el empleo del verbo juzgar sea excesivo, mejor valorar o tratar) la totalidad de la obra del escritor de Providence, sino una de sus novelas cortas, en concreto En las montañas de la locura.

Lovecraft bebe de dos fuentes principales, cosa que no quiere decir que no las amplíe o les dé su toque personal, como así es. Me refiero a dos escritores esenciales en la literatura gótica del siglo XIX: Machen i Poe. De Poe saca esa fascinación macabra por las tumbas i los cementerios y de Machen la atracción por lugares sagrados, aracaicos y llenos de vida propia donde los antiguos dioses todavía campan a sus anchas, seres malignos que no dudan en perturbar y socavar las almas humanas. Por contra, mientras Machen habla de dioses paganos de origen celta o incluso romano y pobla los bosques de faunos y de duendes, Lovecraft crea su propia mitología trayendo del espacio exterior, desde los abismos del tiempo y del espacio, seres indescriptibles que poblaron la Tierra hace eones y que crearon a los seres humanos como una especie de subproducto de sus investigaciones genéticas en busca de los esclavos perfectos.

Lovecraft no escribe solamente sobre ese terror cósmico que intenta infundir en la mente de los pobres humanos, capaces de enloquecer ante el más mínimo atisbo de la verdad sobre su origen y su destino. Obsesionado por la degeneración de la raza mezcla a algunos de sus atribulados personajes con una especie de monos provenientes del corazón de África (Arthur Jermyn) o con anfibios habitantes de las profundidades marinas (La sombra sobre Insmouth). Es el protagonista de turno el que investiga en su pasado hasta encontrar las ramas de la familia degeneradas y acaba por darse cuenta de que su sangre también está contaminada. Presumiblemente esta fijación por la pureza (que ha llevado a alguno de sus críticos a calificarlo de racista) viene de su idea de que la independencia de los Estados Unidos no debería haberse producido y a él le gustaba seguir considerándose británico, descendiente de los primeros pobladores europeos de Nueva Inglaterra que intentaron imponer a la tierra sus costumbres acallando los espíritus ancestrales que allí pudieron habitar miles de años atrás.

Por lo que respecta en concreto a En las montañas de la locura, reconozco que la relectura quince años después me ha mostrado unos defectos que antes no había notado, apagados por ese sentido de la maravilla que me impregnó en su momento. Razas extraterrestres poderosas y antiguas, una ciudad maravillosa enterrada en el hielo, misteriosos y sangrientos crímenes, seres degenerados hasta límites insospechados, creaciones de pesadilla que resultaban imposibles de describir... De todo esto sigue habiendo en la novela de Lovecraft, pero aderezados con disparates científicos de primer orden (la forma que tiene de contar por millones y millones de años se me hace un tanto confusa a la hora de datar los acontecimientos, la imposibilidad de la permanencia de la ciudad todavía después de tanto cambio geológico, la forma en la que los protagonistas interpretan los frisos de forma tan sencilla, la forma en la que reviven los Antiguos congelados después de cientos de millones de años...). También se le puede reprochar a Lovecraft que no haya anticipado ningún avance tecnológico para esa extraordinaria civilización que prácticamente no utilizaba aparatos manufacturados (incluso viajaban por la inmensidad del espacio gracias a sus alas) a excepción de la mencionada calefacción; incluso grababan su historia en las paredes (que por cierto mostraban la degeneración conforme avanzaba el tiempo de los Antiguos, reflejada en su forma de esculpir). En parte éste es el motivo por el que no considero a Lovecraft un escritor de ciencia ficción, por su incapacidad para dotar a sus culturas galácticas de algún tipo de tecnología plausible. No le interesa eso, ni mucho menos, solamente le preocupa la forma en la que su narración afecte a la psique del lector, intentando despertar miedos ancestrales y ocultos dentro de la mente humana desde que un desconocido hombre de la edad de piedra contase el primer cuento de terror en una oscura noche con toda la tribu reunidad alrededor de una fogata. Para ello se basa en un estilo recargado y repetitivo que ahora en los albores del siglo XXI resulta cansado y un tanto desfasado.

Mencionar por último que En las montañas de la locura es un homenaje explícito a la novela de Edgar Allan Poe (por cierto su única obra más o menos larga) Narración de Arthur Gordon Pym, cuyo final transcurre en la Antártida y los protagonistas vislumbran un extraño ente blanco que aparece entre la bruma producida por un gigantesca cascada, al que Lovecraft relaciona con un Soggoth, esos esclavos protoplasmáticos creados como herramientas de trabajo capaces de adaptarse a cualquier tarea exigida cambiando de forma. Como curiosidad decir que el escritor francés Jules Verne también escribió una secuela de la novela de Poe titulada La esfinge de los hielos.

Como conclusión final decir que yo sigo reinvidicando a Lovecraft como un escritor válido (a pesar de sus fallos mucho de ellos fruto del paso del tiempo de su obra) al que pienso seguir leyendo. Valga como prueba de su importancia le legión de seguidores que ha dejado en todo el mundo, muchos de ellos escritores que lo han homenajeado en alguna obra basándose en la imaginaria mitología de H. P. Lovecraft. Además se nota la influencia del escritor de Nueva Inglaterra no sólo en las letras sino también, y con gran fuerza, en el celuloide, donde los filmes inspirados en su obra son centenares (y posiblemente no exagero). Valgan aquí algunos ejemplos:

La cosa, John Carpenter (1982)
Re-animator, Stuart Gordon (1985)
Posesión infernal, Sam Raimi (1982)
En la boca del miedo, John Carpenter (1995)
Alien vs Predator (2004)
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Javi Bataller

viernes, 26 de junio de 2009

Lovecraft suspendido en la décima tertulia

En efecto, los contertulios decidieron que el estilo recargado y la fantasía mitológica y llena de fallos científicos no merecían figurar entre los libros destacados de la tertulia. Con la presencia de Juanfe, Javi, Joan, Elvira (que calificaron la obra con un 5), Manuel y Rafa (estos dos últimos la suspendieron con un 4)En las montañas de la locura obtuvo un 4'67 en la décima tertulia.
También se decidió que La sonata à Kreutzer de Lev Tolstoi y Pantaleón y las visitadoras de Mario Vargas Llosa protagonizasen la tertulia de septiembre que, en efecto, SERÁ DOBLE.
Se eligió un tercer libro Balzac y la pequeña costurera china del escritor chino afincado en Francia Dai Sijie, presumiblemente para la tertulia de octubre.
¡Disfrutad del verano y de la lectura!

Mario Vargas Llosa

Lev Tolstoi

Dai Sijie

miércoles, 20 de mayo de 2009

Swift y los límites de la razón



Que una obra tan devastadora como “Los viajes de Gulliver” haya sido rebajada a fantasioso entretenimiento juvenil no puede tener más explicación que una total incomprensión sobre el alcance de la crítica elaborada por Swift, o que sea el resultado de un considerable recorte de los contenidos más incómodos para los bienpensantes. Por lo visto hay que atribuir bastante culpa al casi siempre comedido William Thackeray quien, a mediados del siglo XIX, asumiendo la defensa de una sociedad tan orgullosa y pagada de sí misma como la victoriana, mostró su indignación ante la sátira de Swift por ser obra de “moral vergonzosa, horrible y blasfema”. Por fortuna a Thackeray y a otros guardianes de la moral victoriana les pareció que había partes de delicioso sentido del humor y que, convenientemente abreviada, la fábula podía salvarse e incluso servir para deleite del público infantil.

Traigo aquí el juicio de Thackeray, cuya lectura completa recomiendo, porque creo que nuestros desacuerdos de fondo sobre el libro nacieron de algún planteamiento similar. Me interesaron sobre todo dos cuestiones que, más allá de la general admiración por “Los viajes…”, suscitaron dudas sobre la trascendencia de la novela. Por un lado la rabia desesperanzada del autor que le lleva a una ruptura con el mundo sin abrir ninguna vía de reconciliación, por otro las posibles vinculaciones de Swift con el movimiento ilustrado. Desde luego no estamos ante el optimismo de la triunfante burguesía que representa Defoe, el deán irlandés es un pesimista incorregible y casi seguro que no le movía un profundo amor a sus semejantes sino más bien una consideración bastante negativa sobre el género humano. Sin embargo no estoy tan seguro de que no ofrezca, al menos sugiera, posibilidades alternativas a su plan de demolición; sin entrar todavía en el controvertido libro IV, observando el episodio de los gigantes, Swift parece proponer un modelo social basado en el sentido común y en la honestidad, modelo que por supuesto es ajeno al británico.

De todas formas creo que Swift hace algo más interesante que ponerse en plan arbitrista, transforma la desesperación en risa porque tiene la habilidad de ver lo que otros no ven. La risa ha sido siempre lo que más han temido la jerarquías, nada resulta tan destructivo frente a los poderes establecidos y nada es tan efectivo para desacreditar lo absurdo que resulta aquello que aparentemente es normal. Un escritor acomodaticio y servil mejor es olvidarlo, Swift utiliza el humor de manera magistral y el humor es rebelde.

Queda la cuestión de si este fustigador de la política, la moral y las costumbres era o no un ilustrado. Según explica Julián Marías, antes de que se elaboraran los principios básicos de la Ilustración hubo una generación crítica dedicada a laminar las bases de la cultura anterior; cierto es que Marías hablaba de la transición desde el Barroco español pero tal vez en esa labor de desescombro general podía encajarse a Swift. El problema es que Swift no analiza una sociedad decrépita como la española sino la pujante sociedad liberal nacida de la Revolución Burguesa. No está por tanto alumbrando un nuevo periodo de entre las ruinas de lo antiguo, más bien es uno de los primeros en sufrir la desilusión del periodo ilustrado. Solo un ilustrado puede poner en cuestión con tanta lucidez nuestra incapacidad para entender al otro, las costumbres perniciosas, la expansión colonial, las desigualdades, la corrupción, la hipocresía y la estupidez general, pero estoy por decir que llega más allá. Está atisbando los límites de la razón, por un lado al condenar sin ambages la brutal lógica deshumanizada de la sociedad británica. Pero también al plantear en el capítulo final del libro el estado de degradación al que puede llegar el ser humano si abandona la razón dejándose llevar por sus instintos o, tan lamentable como esto, la situación próxima a la demencia que provoca una razón dirigiendo imperativa todos nuestros actos.

Gulliver estuvo en los límites de la razón sin acabar de perderla, a Swift el desagradable olor de los yahoos acabó por enturbiarle la mente y un día se levantó afirmando que estaba loco. Hay gente tan extremadamente lúcida que es inevitable que acaben por romper todos los puentes que les unen con una realidad insoportable.

Juan

Los viajes de Gulliver bate el récord de puntuación en la novena tertulia y H. P. Lovecraft será el nuevo autor de la tertulia


Tal y como reza el título de la entrada, el pasado 8 de mayo y durante el transcurso de la novena tertulia, Los viajes de Gulliver de Jonathan Swift obtuvo un 7'16 de nota media desbancando la marca anterior de 7 puntos de El frío de Thomas Bernhard. Por lo visto esta obra pretendidamente "infantil" cautivó a la mayoría de "adultos" tertulianos.
La tertulia contó con la presencia de Elvira, Juanfe, Manuel (cas), Manuel (FyQ), Juan, Javi y la participación de Reyes (Bio) como oyente, esperando que a la próxima tertulia se convierta en miembro de pleno derecho.
Las puntuaciones se desglosaron de la forma siguiente:
Elvira: 8
Juanfe: 5
Manuel(Cas): 8
Javi: 8
Juan: 7'5
Manuel (FyQ): 6'5

Como siempre invito a todos los participantes a dejar su opinión en este blog.

Por lo que respecta a la próxima tertulia (que será la décima) la votación que decidió el libro estuvo tan reñida como de costumbre. La anécdota la protagonizó Manuel (FyQ) que tuvo que votar mediante llamada telefónica ya que había abandonado la tertulia un poco antes. Reyes también votó reafirmando su intención de participar en la siguiente tertulia. En las montañas de la locura de H. P. Lovecraft con 15 votos se impuso a La sonata Kreutzer de Lev Tolstoi que obtuvo 13 votos. La votación completa se desarrolló de la siguiente forma:

En las montañas de la locura 15
La sonata Kreutzer 13
Viaje al fin de la noche 6
El desierto de los tártaros 5
Tutto modo 3

De todos modos, teniendo en cuenta la brevedad de la obra de Lovecraft (sobre 110 páginas) yo propondría aderezarla con la lectura de alguna otra de sus obras más emblemáticas: La sombra sobre Ismouth, El horror de Dunwich, El susurrador en la oscuridad, El caso de Charles Dexter Ward, La llamada de Chtulhu, etc.

sábado, 2 de mayo de 2009

Una humilde propuesta




Aprovechando que se aproxima la próxima tertulia protagonizada por el peculiar Jonathan Swift creo que conviene empezar a desmentir la imagen de escritor de literatura juvenil. Estoy seguro que mis compañeros ya han podido comprobarlo al leer los sarcasmos y críticas que aparecen profusamente en "Los viajes de Gulliver". Me permito incluir un fragmento de uno de sus panfletos más afortunados y críticos, "Una humilde propuesta"; ya sé que a Juanfe no le hace mucha gracia estilo tan descarnado pero díganme ustedes si esto es literatura juvenil:

"De manera que someto humildemente a la consideración pública que de los ciento veinte mil niños ya contabilizados, veinte mil se reserven para la crianza, de los que solo una cuarta parte habrán de ser varones, que es más de lo que concedemos a ovejas, vacas o puercos, y mi argumento es que estos niños son rara vez fruto del matrimonio, circunstancia esta no muy tenida en cuenta por nuestros salvajes. Así pues, un macho sería suficiente para atender a cuatro hembras y los restantes cien mil pueden, al año de vida, ser vendidos a la gente de alcurnia y fortuna de todo el reino, siempre aconsejando a la madre que les deje mamar copiosamente durante el último mes, para que se pongan rellenos y regordetes, aptos para la buena mesa. Un niño serviría para dos platos en un convite, y cuando la familia almuerce sola, los cuartos delanteros o traseros harían un buen plato, y sazonados con un poco de pimienta y sal estarían muy buenos hervidos a los cuatro días, especialmente en invierno.

He calculado que un niño recién nacido pesa como promedio unas 12 libras y que en un año natural, si se le amamanta medianamente, puede llegar hasta las 28 libras.

Reconozco que esta comida será algo cara, y por lo tanto muy apropiada para los terratenientes, quienes, como ya han devorado a la mayoría de los padres, parece que tienen todo el derecho sobre los hijos".

Juan.