


Se ha rumoreado la posibilidad de que una de las propuestas para la primera tertulia de 2010 sea La máquina del tiempo, de Herbert George Wells, publicada por primera vez en 1895. Cien años después se le propuso al escritor, también británico, Stephen Baxter escribir una continuación. Baxter aceptó el reto y escribió Las naves del tiempo.
El punto de arranque de esta novela se sitúa en el intento del Viajero de regresar al futuro y salvar a Weena de la muerte en el bosque en llamas. Su asombro es mayúsculo cuando llega a un lugar totalmente cambiado con respecto a sus recuerdos. La oscuridad es total, el Sol no sale nunca, y sólo viven morlocks en ese mundo. Prontamente el Viajero descubre que el hecho de que el relato de sus viajes fuese publicado en su época original ha modificado la realidad y cambiado el futuro. La Tierra se ha convertido en un mundo guardería para los niños morlocks. El resto se ha trasladado a la esfera que ocupando la órbita de Venus envuelve el Sol. Los morlocks han creado allí una sociedad utópica y tolerante donde no han olvidado adaptar lugares específicos para las distintas variantes que los milenios han creado en la humanidad.
Esta idea de una esfera de Dyson no es nueva dentro de la ciencia ficción. Esta construcción más qu faraónica supone de una vez por todas acabar con el problema del espacio. Se trata de construir una esfera alrededor del Sol y ocupar toda la superficie interior. Pero como a los morlocks no les va la luz solar ocupan la estructura interior y la superficie que da al vacío sideral.
Nuestro Viajero consigue engañar a uno de los morlocks para que lo devuelva a la superficie de la Tierra y recuperar allí su vieja máquina del tiempo. En todo caso, el morlock llamado Nebogipfel se le une en la aventura como polizón de la máquina.
El Viajero cree que al cambiar el futuro ha provocado la muerte de toda la gente que habría podido ser si él no se hubiese puesto a jugar con el tiempo. Así, con ese cargo de conciencia decide visitarse así mismo en el pasado y convencer a su yo más joven para que no construya la máquina. Pero las cosas no son tan fáciles como él se esperaba. El Londres al que regresa no es él mismo que él conocía. La guerra contra los alemanes se prolonga año tras año y las máquinas del tiempo son utilizadas por los dos bandos como arma en la guerra, pretendiendo cambiar el pasado siempre que la suerte de la guerra no les corresponde.
Las aventuras no acaban ahí, pues el Viajero y el morlock Nebogipfel todavía tienen que correr mil peripecias conociendo al matemático Kurt Gödel, viajando al Pleistoceno, cambiando totalmente la historia del planeta y viajando a un futuro tan lejano en el que el Universo vuelve a contraerse y un nuevo big bang les espera.
Las naves del tiempo no es una mala novela, pero es larga, cosa que implica una sucesión de altibajos en la trama y en la acción. Su longitud y su poca disponibilidad son en cambio los argumentos que me impiden proponerla. Por si acaso alguien tiene curiosidad y la encuentra...todavía me he guardado muchas sorpresas por desvelar.
Javi